
Oración por el Sínodo
Señor Jesús, nosotros, tus fieles de Gipuzkoa,
convocados y congregados por Ti,
queremos recorrer Contigo el camino hacia el Padre,
queremos vivir Contigo el Evangelio,
queremos testimoniar Contigo a todos la buena noticia.
Derrama sobre nosotros el don del Espíritu Santo,
para que realicemos juntos el camino de renovación
de nuestra Iglesia diocesana,
en clima sinodal y guiados por el Espíritu,
a fin de que lleguemos a ser una comunidad evangelizadora,
según tu deseo, para gloria de Dios Padre. Amén.
Características de la Oración
Considero provechoso conocer las características de este breve texto oracional a la hora de recitarlo y rezarlo.
Está dirigido a la Santísima Trinidad, al Padre, por Cristo en el Espíritu Santo, como es habitual en las oraciones principales de la Iglesia. Tiene en cuenta que el origen de la Iglesia y, en consecuencia, también de la comunidad eclesial que vive en Gipuzkoa es el misterio trinitario.
El lema sinodal Contigo, lógicamente, está presente en la oración. No podemos recorrer el camino sinodal en solitario, individualmente. Sólo podemos recorrerlo con Él, con el Señor, y unos con otros, conjuntamente. El lema Contigo expresa esta doble dimensión.
La oración tiene en cuenta, igualmente, los planes de renovación pastoral que está elaborando la Iglesia de Gipuzkoa de cara al futuro inmediato, tema que será objeto de reflexión tanto en la fase preparatoria como en las sesiones sinodales. Pediremos así, a lo largo de este tiempo sinodal, que el Espíritu nos ilumine y fortalezca, para alcanzar el objetivo que se propone nuestra Iglesia: llegar a ser una comunidad según la voluntad de Dios, guiada por la palabra de Jesús, y esforzarse por ser una comunidad evangelizadora, impulsada por el Espíritu, testigo con su ejemplo del Evangelio en una sociedad, que experimenta una profunda crisis religiosa y un gran cambio de paradigma.
Y todo ello para gloria de Dios Padre, sabiendo que la gloria de Dios consiste en que el ser humano, por medio de Cristo, alcance y viva la plenitud de la vida eterna, a la que está destinado, como dice San Ireneo.
Jesus Mª Arrieta. 2026-10-17
